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lunes, 18 de abril de 2011

La fecha de las primarias

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Coincido en que el capítulo está cerrado. La fecha será la anunciada, iremos a votar, habrá tiempo para remiendos, con seguridad, y tendremos candidato unitario en febrero de 2012. Consigno esta nota, no sólo para razonar el simbólico voto salvado, sino para abonar en torno a una sensación extendida. No se hagan los locos. Que no crean que el país no se dio cuenta de lo que ha sucedido

Alonso Moleiro
Talcualdigital.com



Puedo comprar sin chistar en exceso los alegatos a favor de no extender demasiado la polémica sobre la anunciada fecha de las elecciones primarias.

Sabemos todos que es un haber, en última instancia, tener fecha; que, en medio de las diferencias, las resoluciones se asumieron con cierta disciplina militante, lo cual es plausible, y que, con un panorama despejado, toda la sociedad democrática tiene que dejar de detenerse en los detalles para acometer acoplada el objetivo de forzar una transición democrática para hacer cumplir la letra de la Constitución Nacional.

Y en resumidas cuentas, porque, persistiendo elementos objetables sobre el anuncio de celebrar las primarias el 12 de febrero, podríamos concederle a quien lo sostenga que el rango sigue siendo relativamente aceptable: la diferencia que pueda existir entre una consulta en diciembre y una en febrero no nos da argumentos suficientes para postular la tesis de suicidarnos en masa.

La sola existencia de una instancia como la MUD es un haber que no tiene precio y que es necesario preservar con mucha madurez y criterio ciudadano.

En torno a ella, sobre una secuencia de aciertos, se ha ido creando lentamente una especie de marco institucional que rinde tributo a la idea de la unidad nacional, punto de partida fundamental para la reconstrucción de este país.

Llegados a este punto, por cierto, no estaría de más que el comando directivo de la Mesa examine de forma autocrítica y severa su comportamiento en la conducción política de estos meses, desde todo punto de vista muy por debajo de los niveles de arrojo y audacia que han consignado algunos sectores autónomos de la sociedad civil como los estudiantes y el mundo sindical.

Persiste, sin embargo, sobre todo el entorno que comprendió la decisión de anunciar las primarias el 12 de febrero, un desagradable sabor a maniobrita subalterna que no tiene sentido desconocer o pasar por alto.

Me explico. No se trataba únicamente de que literalmente todo el país estaba pidiendo que la convocatoria de esa consulta se hiciera este año (criterio mayoritario perfectamente palpable que no puede rebatirse arguyendo la chorrada ésta de "yo quería que fuera el que viene y yo también soy del país").

A fin de cuentas cualquiera puede argumentar que, como ha sucedido en el pasado, las mayorías, no sólo se pueden equivocar, sino que de hecho lo hacen con mucha frecuencia: todo el país, por ejemplo, estaba ganado a la idea de retirarse de los comicios parlamentarios de 2005.

Las ventajas de elegir un candidato presidencial asumiendo la precaución de tomar el vuelo suficiente eran absolutamente obvias. Prácticamente no hubo un solo vocero calificado que no la defendiera: desde Pompeyo Márquez hasta Súmate.

Tiempo para esquivar zancadillas institucionales, para desplegar una campaña asentada sobre unos valores, para recorrer el país con un mensaje concreto.

Para darle al proyecto una auténtica dimensión nacional, para otorgarle a la irregular gesta de la oposición actual la coherencia y liderazgo que necesita con urgencia. Para desnudar las incontables falencias del gobierno ­cosa que hoy no se está haciendo­ con un mensaje premeditado y efectivo.

Para contrarrestar con argumentos sólidos y continuos la nociva y disparata prédica que el presidente Chávez le ha logrado inocular a una parte del país a punta de cadenas.

Los argumentos en contrario, por contrapartida, eran demasiado banales, imposible de tomar en serio: el fulano "congelador" de diciembre; la falta de recursos ­como si en las primeras de cambio estuviéramos hablando exclusivamente de la necesidad de mandar a imprimir franelas­ y la certeza resignada de que por el daño hecho con la prédica de Chávez ya no tiene sentido preocuparse, precisamente en virtud del tiempo que tiene haciéndolo.

Hay un presupuesto en esta discusión que a mí me luce elemental: el mejor candidato será el que escoja la Unidad y lo lógico es obrar tomando en cuenta sus imperativos y conveniencias.

Por mucho que algunos no lo quieran ver, al país no le interesa a cuál partido pertenezca el hipotético investido. Yo no sé si la dirigencia de los partidos ha pensado en esto, pero la plataforma de la MUD, aún en construcción, tiene para la ciudadanía el valor que se le ha concedido en la medida que ésta logre ser la expresión de una voluntad nacional.

La MUD es bastante más que la suma parcial de las modestas organizaciones políticas que la integran. Esa es la verdad.

Queda en el aire la desagradable impresión de que la fecha acordada guarda relación con un acuerdo político entre algunas de sus parcialidades con el objeto de detener el avance de un potencial adversario en la contienda. Menudencias éstas que a nadie, salvo a los integrantes de esas organizaciones, le interesan.

Es decir, que, en lugar de proceder con la dosis de seriedad y de grandeza que todos esperábamos, pensando en el país completo, algunos políticos de la unidad democrática se empeñaron en seguirse comportando como los incorregibles profesionales de la intriga de la historia venezolana reciente, ésos que, se supone, queremos dejar atrás para siempre, privilegiando exclusivamente los intereses de sus partidos.

Bien: concluyo aquí. Coincido en que el capítulo está cerrado. La fecha será la anunciada, iremos a votar, habrá tiempo para los remiendos, con seguridad, y tendremos candidato unitario en febrero del año próximo.

Es importante seguir valorando, pese a todo, el aporte hecho a la causa de la democracia por todos los dirigentes de la Mesa, incluyendo a los protagonistas de este desafortunado episodio.

Consigno esta nota, no sólo para razonar este simbólico voto salvado, sino para abonar en torno a una sensación que está extendida. No se hagan los locos. Que no crean que el país no se dio cuenta de lo que ha sucedido.

1 comentario:

  1. LA CONSPIRACIÓN MUNDIAL DE LA DERECHA Y LA IZQUIERDA

    La complicidad nacional e internacional de las cúpulas de derecha y la izquierda es de vieja data, pero actualmente se hace más evidente, y como siempre han actuado sus correligionarios, consciente o inconscientemente, como peones políticos del neocolonialismo bancario y bélico, que domina actualmente el mundo; verdadero monopolio representado por más de 200 años por la City Londres o Casa Rothschild de Inglaterra, La Corporación Británica y sus Sociedades Secretas; como hemos explicado en gratuitas exposiciones en la web www.lucasblancoacosta.com, en artículos y libros como: “Las falsas independencias y sus bicentenarios” y “La conspiración mundial de la derecha y la izquierda” y ahora la “2ª Carta a Venezuela”.
    Un ejemplo fresco es el insistente apoyo al candidato de izquierda Ollanta Humala, por parte del escritor y derechista premio nobel de Perú, Mario Vargas Llosa, supuesto “contrario continuo” a Hugo Chávez; Humala, sin lugar a dudas, realmente, un incondicional del presidente de Venezuela; y a pesar de su estrategia actual de desligarse de “esa nova” que se convirtió en un “agujero negro”, con la cínica actitud de Vargas Llosa, nos permiten nuevamente correr facilmente la cortina oculta de la derecha y la izquierda. Que demuestran, una vez más que una y otra no son otra cosa que una misma moneda de dos caras, DESPIERTA LATINOAMÉRICA, y reconoce a tus verdaderos invasores.

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