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sábado, 12 de marzo de 2011

Primarias presidenciales

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El adversario ya está en campaña y el desequilibrio con el abusivo uso del poder es gigantesco

GERARDO BLYDE
Eluniversal.com


Para algunos, las primarias presidenciales del sector no chavista deben postergarse hasta el próximo año. Justifican su propuesta en señalar que una precampaña muy larga es muy costosa y que no es posible su financiamiento. Otros dicen que ante un candidato como Chávez, ya lanzado desde la propia Presidencia de la República para una nueva reelección, no es conveniente personalizar desde muy temprano en un candidato todo su poder mediático y sus ataques. Que mientras menos tiempo tenga el candidato-presidente para atacarlo será mejor, pues su estrategia es bien conocida: producir la polarización desde el inicio.

No estamos de acuerdo con estos argumentos. Coincidimos con la posición expresada por Teodoro Petkoff. El asunto referido a quién será nuestro abanderado presidencial debería quedar dilucidado este año por varias razones.

En 2006 nos toco participar en el comando estratégico de campaña del entonces candidato Manuel Rosales, una vez que se produjo la unidad entre los tres candidatos que se presentaban en aquel momento como opciones. Ese acuerdo se produjo con poca antelación al inicio de la campaña electoral. Fue una campaña titánica la que tuvo que enfrentar el candidato para recorrer el país y, aun haciendo su mayor esfuerzo, fue materialmente imposible que visitara más allá de las principales ciudades de todos los estados del país. Recorrer todo el territorio nacional, sus ciudades, pueblos y caseríos, visitar sus zonas rurales y motivar a los electores de todos los sectores lleva su tiempo. El ciudadano siempre termina diciendo: "yo lo conocí, estuvo aquí" o, "ése jamás paso por aquí". Ese contacto personal no lo puede sustituir campaña mediática alguna. Conceptualizar una campaña electoral exitosa, producirla e instrumentarla y luego coordinar toda una estrategia de motivación y movilización alrededor del candidato no es tarea sencilla. Toma su tiempo para que sea exitosa. Una campaña, aun cuando pueda sufrir variaciones de forma, debe llevar un hilo conductor desde que se inicia hasta que finaliza. Ello debe ser realizado con antelación.

Aun cuando ya se pueda tener una agenda aproximada de ofertas electorales que derivan de las inmensas fallas acumuladas por estos lamentables doce años de gobierno, aun cuando el diagnóstico del país esté bastante claro, el programa de gobierno que constituya la oferta electoral del candidato debe contar con su personal visión y aprobación, pues será a él a quien tocará dirigir las acciones de gobierno para su ejecución cuando resulte electo.

Para esta fecha ya contamos con varios precandidatos que han manifestado, abierta o solapadamente, sus intenciones de medirse en el proceso de primarias. Algunos ya cuentan con comandos de campaña bastante bien establecidos para esas primarias e incluso han comenzado a realizar giras para ganar adeptos, identificando las zonas donde están más débiles para tratar de hacer el trabajo y nivelarse con otras zonas en donde se presentan más favorecidos, conforme a los estudios de opinión.

¿Cuántos candidatos deberían participar en esas primarias presidenciales? No hay una cifra determinada, pero lo sano y deseable es que no hubiera una atomización muy grande del voto. Quien gane las primarias debería venir ya con un piso de legitimación de base importante. Si se atomiza la votación, el piso será menor. Si bien es cierto que este tipo de elección terminará polarizándose entre las dos o tres opciones con mayores oportunidades por sus niveles de aceptación, también es cierto que no se le puede negar a nadie su legítimo derecho a aspirar. Mientras las precandidaturas permanezcan solapadas (pues ante la incertidumbre de la fecha de celebración de la medición algunos prefieren no exponerse aún) no se producirán los acuerdos, apoyos y alianzas válidas que decanten en los candidatos más fuertes. Lo que en un principio lucirá como un número exagerado de precandidatos luego deberá reducirse a aquellos que verdaderamente tengan opción de triunfo.

Estamos en el mes de marzo. Hay tiempo suficiente por delante para llevar a cabo un proceso de primarias presidenciales durante el primer o segundo domingo del mes de diciembre. El candidato que resulte electo podrá conformar una buena plataforma electoral de unidad durante todo el mes de diciembre y podrá así mismo arrancar con fuerza su precampaña y pregiras a partir del mes de enero del próximo año. El adversario ya está en campaña y el desequilibrio con el abusivo uso del poder es gigantesco. Esperar demasiado para definir quién será nuestro candidato presidencial, pasando el proceso de primarias para el próximo año, significará darle mayores ventajas a quien ya las tiene todas para la contienda del próximo año.

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